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AMOR DE PAREJA

San Pablo dice, hablando del cielo, que: "ni el ojo vió, ni el oído oyó, ni nadie llegó jamás a imaginar nunca lo que Dios tiene preparado para quienes le aman" (1 Coro 2, 9).

1 "No se turbe vuestro corazón. Creéis en Dios: creed también en mí.
2 En la casa de mi Padre hay muchas mansiones; si no, os lo habría dicho; porque voy a prepararos un lugar.
3 Y cuando haya ido y os haya preparado un lugar, volveré y os tomaré conmigo, para que donde esté yo estéis también vosotros."

Evangelio de San Juan, Cap 14

 

¿Existe el Cielo?

 

El Padre Nuestro que nos enseñó Jesús dice: "Padre nuestro que estás en el CIELO..."

El Credo de la Iglesia Católica dice: "Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra.... (al hablar de Jesús dice) que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación bajó del cielo... (luego dice que Jesucristo) y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre


SEGÚN EL CATECISMO ENCONTRAMOS:

EL CIELO Y LA TIERRA

325 El Símbolo de los Apóstoles profesa que Dios es "el Creador del cielo y de la tierra", y el Símbolo de Nicea-Constantinopla explicita: "...de todo lo visible y lo invisible".

326 En la Sagrada Escritura, la expresión "cielo y tierra" significa: todo lo que existe, la creación entera. Indica también el vínculo que, en el interior de la creación, a la vez une y distingue cielo y tierra: "La tierra", es el mundo de los hombres (cf Sal 115, 16).

"E1 cielo" o "los cielos" puede designar el firmamento (cf Sal 19, 2), pero también el "lugar" propio de Dios: "nuestro Padre que está en los cielos" (Mt 5, 16; cf Sal 115, 16), y por consiguiente también el "cielo", que es la gloria escatológica. Finalmente, la palabra "cielo" indica el "lugar" de las criaturas espirituales -los ángeles- que rodean a Dios.

En las apariciones de la Virgen en Fátima (tercera aparición: 13 de Julio de 1917), los tres pastorcitos vieron el infierno como nos narra Lucía, una de las tres, que hasta hace poco aún vivía como monja de clausura en Portugal:

  "Al decir estas palabras, abrió de nuevo las manos como en los dos meses anteriores. El reflejo (de luz que ellas irradiaban) parecía penetrar en la tierra y vimos un como mar de fuego y, sumergidos en ese fuego, a los demonios y las almas como si fueran brasas transparentes y negras o bronceadas, con forma humana, que fluctuaban - en el incendio llevadas por las llamas que salían de ellas mismas juntamente con nubes de humo, cayendo hacia todos los lados - semejante a la caída de pavesas en los grandes incendios - pero sin peso ni equilibrio, entre gritos y lamentos de dolor y desesperación que horrorizaban y hacían estremecer de pavor. Los demonios se distinguían por formas horribles y asquerosas de animales espantosos y desconocidos, pero transparentes como negros tizones en brasa".

  La visión duró tan sólo un instante, durante el cual Lucía soltó un ¡ay!. Ella comenta que, si no fuese por la promesa de Nuestra Señora de llevarlos al Cielo, los videntes se habrían muerto de susto y de pavor.

  "Asustados, pues, y como pidiendo socorro, levantamos la vista a Nuestra Señora, que nos dijo con bondad y tristeza":

  -LA SANTÍSIMA VIRGEN: "Visteis el infierno, a donde van las almas de los pobres pecadores. Para salvarlas (para evitar que vayan al Infierno eterno), Dios quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón"

  La enseñanza de la Iglesia afirma la existencia del infierno y su eternidad (art. 1035 del Catecismo Universal). A algunos les resulta difícil concebir la eternidad del Infierno - que nunca se acaba - porque piensan que siendo Dios infinitamente misericordioso si los condenados se arrepienten les perdonará. Pero los condenados ya no pueden ni quieren arrepentirse nunca -misterio de iniquidad de la impenitencia final: Así se lo comunicó la Virgen María, creo recordar, a uno de los jóvenes videntes de Medjugorge, le dijo que los condenados ya no querían arrepentirse. Es evidente que si pudieran y quisieran arrepentirse Dios les perdonaría, pero ello es un imposible, y por eso el Infierno es eterno. También en Medjugorge la Virgen mostró el Cielo, el Purgatorio y el Infierno a varios de los videntes.

  La pena más intensa del Infierno es la separación eterna de Dios: "La pena principal del infierno consiste en la separación eterna de Dios en Quien únicamente puede tener el hombre la vida y la felicidad para las que ha sido creado y a las que aspira”. Esta pena se llama pena "de daño". También existe la "pena de sentido" por la que los condenados son atormentados con suplicios:

     "Jesús habla con frecuencia de la "gehenna" y del "fuego que nunca se apaga" (cf Mt 5, 22,29; 13, 42,50; Mc 9, 43-48) reservado a los que, hasta el fin de su vida rehúsan creer y convertirse, y donde se puede perder a la vez el alma y el cuerpo (cf Mt 10, 28). Jesús anuncia en términos graves que "enviará a sus ángeles que recogerán a todos los autores de iniquidad..., y los arrojarán al horno ardiendo" (Mt 13, 41-42), y que pronunciará la condenación: "¡Alejaos de mí, malditos al fuego eterno!"(Mt 25, 41)(nº 1034 del Catecismo Universal).

 

 

 

 

 

Ver también MATEO 7 donde Jesús habla de cuan pocos serán los que entren al cielo